domingo, 1 de octubre de 2017

AND THE OSCAR GOES TO ...
De todas las cosas que han sucedido últimamente ver como lentamente nos alejamos es quizá la más dolorosa. Posiblemente porque por un largo tiempo fuiste lo único firme en mi vida, lo que te convirtió en una especie de salvavidas del cual cada vez pierdo más y más el agarre y temo que una vez que me suelte por completo no pueda salir más a flote, o tal vez sea que el final cada vez se prolonga más, como esas enfermedades que corroen todo a su paso y te deterioran por completo antes de matarte.
Este último tiempo me encargue de quemarme la cabeza en busca de que gatillo esto, a pesar de que reuní alguna que otra razón ninguna me conforta ni conforma lo suficiente como para aceptarla. El problema de no encontrar motivos es que es más difícil dejar ir cuando no hay nadie a quien culpar, nadie con quien enojarse.
Cuando nos conocimos me pediste que nos mantuviera vivos, que me asegurara que esto no quedara en nada. Al principio fue fácil porque la incertidumbre y el descubrirnos nos mantuvo entretenidos, pero la luna de miel llego a su fin y todos mis intentos de lograr que esto funcione son saboteados por vos y cada vez que intento decírtelo enloqueces y te enojas conmigo.
Por un lado quisiera que todo vuelva a ser como antes y por el otro que de una vez por todas me dejes ir, porque el tira y suelte constante me está matando.
Antes de que te vayas me gustaría que me digas que le digo al corazón, ese que le alimentaste las esperanzas, ese que ya no sabe qué hacer con tanto amor. Y los besos, los sueños, los proyectos ¿dónde los pongo? ¿Las horas de sueño imaginando miles de escenarios? Porque no sé cómo hiciste pero te compraste un palco preferencial en mi imaginación, siempre ahí, expectante, listo para dar la mejor actuación de tu vida en cualquier historieta que arme en mi cabeza, y yo, siempre al pie de cañón, fan de tus películas, lista para darte todos los Oscars del mundo.
Lo peor que ahora que son lo único que me queda son lo único que veo, algunas más que otras, porque esas que terminan en besos, roses y miradas que dicen todo son en las que mejor te destacas pero aun así, en esas en las que simplemente nos miramos y llenamos la habitación de risas son las que más me pesan.
Supongo que si, que literalmente me comí el cuento pero a veces la lejanía se hace tan dura que en algún lugar te tengo que encontrar, al menos hasta que hubiésemos dejado de actuar para concretar, porque entonces a falta de Oscars te hubiese entregado mi corazón. 

miércoles, 21 de junio de 2017

ONCE UPON A TIME

Una vez mas me encuentro sentada frente a una hoja en blanco, respirando profundo, intentando poner en orden recuerdos para escribir. Recuerdos que más tarde volveré a encerrar bajo llave en un cajón al final del placar de la memoria.
Miro la hoja en blanco, la primera hoja de un cuaderno nuevo, que posiblemente llenaré escribiendo sobre vos, como lo he hecho con miles anteriores a este. Mientras miro la hoja, en mi cabeza paso de recuerdo en recuerdo como si viese un álbum familiar, intentando encontrar el que más me retuerza el corazón. Con el tiempo la elección se volvió más fácil, al principio recordarte era como una aplanadora, pero poco a poco el dolor fue disminuyendo, sin embargo hay días más difíciles que otros, en los que esos recuerdos en los que nos reímos por horas sin parar no solo me estrujan el corazón si no que me cierran el estómago, me hunden el pecho y me dejan un nudo en la garganta que toma horas, a veces días, en desatarse.
Hoy es uno de esos, y como todos los síntomas del desastre aparecieron de golpe me parece mejor cerrar el álbum y postergar el estreno del cuaderno para uno de esos días donde ver el álbum me enoja más de lo que me deprime.
Me gustaría creer que cerrarlo es la clave para alejarte de mi cabeza, pero lamentablemente estas en todos lados, en cada rincón de mi solitario departamento y en cada recoveco de mi cuerpo, que se siente abandonado desde que te fuiste, porque la seda de las sabanas no están suave como tus dedos y el espacio vacío de la cama, que parece 20 metros más larga ahora que no estas, concentra un frio insoportable.

Cada mañana el sol empuja y se lleva a la noche y con ella todas esas pequeñas utopías que imagino antes de dormir, donde el destiempo no existe y el “felices para siempre” es el final de todos los cuentos. Supongo que el nuestro ahora solo dice “había una vez un nosotros”… igual,nunca fuiste el tipo de príncipe que iba a rescatar a su  chica, ni yo el tipo de princesa que podía esperar a que la vengan a buscar. Siempre preferí ser mi propia heroína, aunque no hubiese esperado que mi príncipe se convirtiera en dragón, ni que a mí me gustara tanto quemarme.

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martes, 7 de febrero de 2017


As I sit by

Mientras estamos sentados uno frente al otro me pregunto si esta es la última vez que nos veremos. Sé que nos vamos a cruzar ocasionalmente porque, bueno, frecuentamos los mismos lugares y tenemos muchos amigos en común; pero, que si esta vez es la última vez que realmente nos vemos, no de reojo o un vistazo general, sino más bien la última vez que puedo mirarte profundamente a los ojos, deseando que con cada pestañeo un nuevo secreto aparezca en ellos. La última vez que voy a ver de cerca esos ojos color nuez soñado que encajan en el resto de tu cara tan perfectamente. La última vez que vamos a estar tan cerca que puedo oler tu aliento a menta provocado por la cantidad, excesiva diría yo, de chicle que masticas. Tengo tanto miedo de que esta sea la última vez que tus pestañas me acaricien el pómulo mientras te acercas para darme un beso de despedida.
¿Cómo se supone que siga adelante sabiendo que quizá ya no pueda rozar mi brazo con el tuyo casualmente cuando nos sentamos juntos en clase? ¿Cómo puedo empezar mi día cuando sé que no vas a mover tu mano por mi muslo hasta llegar a la rodilla? ¿Cómo abandonar esa necesidad tacita e insaciable de tocarnos, de que alguna parte de mi cuerpo sienta el tuyo? Jugar secretamente a acercar nuestras manos, casi tocándonos los meñiques, luchando por quien es el primero en ceder y agarrarle la mano al otro.
Y que si de repente siento que es el momento perfecto de decirte que te amo. Cada segundo me siento más segura, sin embargo, la idea de que no me correspondas me preocupa un poco… pero después de todos estos años de ir y venir, de destiempo, de “te amos” que solo pasaron de la boca en forma de suspiro, de quiero pero no puedo, llego el momento de que uno de los dos diga lo que realmente siente. Estoy harta de amarte tanto pero ser incapaz de decirlo porque ninguno de los dos es lo suficientemente audaz para tomar el riesgo.
Supongo que la posibilidad de que no me ames es tan grande como el arrepentimiento que voy a sentir si no te lo digo. Asique ahí va:
Sé que soy difícil de manejar y que soy un dolor de cabeza cuando me enojo o me obsesiono con algo, pero también lo sos vos. Nos peleamos mucho y créeme que a veces es difícil manejarte pero elijo hacerlo porque la felicidad que traes a mi vida es enorme comparado a lo malo. Toleraría una vida de sufrimiento si eso me asegurara que todas las noches por el resto de mi vida tu pecho sera mi almohada.
Asique ahora que enfrentamos lo que podría ser nuestro último encuentro sé que es la mejor oportunidad que tengo. Dejemos que el destino elija.


AND THE OSCAR GOES TO ... De todas las cosas que han sucedido últimamente ver como lentamente nos alejamos es quizá la más dolorosa. Posi...